La vocecita constantemente variable

VUELTAbarbaradetiendaWEB

Y de repente estoy en la bañera y todo se vuelve claro. Mi mente ya no se dispersa, noto el aquí y ahora, el presente, el instante. Puedo ver todas las constantes de mi vida, como el bucle de los dos años, pero no puedo dejar de pensar en las variables. En el dibujo del árbol cuando empecé a tomar decisiones sobre mi camino. Seremos quienes para escoger nuestros caminos? Hay más de uno? Automáticamente, he apagado el cigarro, le he dado alplay, he chillado esa letra que tanto me eriza la piel, y me he secado rápido, cual trabajador malhumorado a las 7h de la mañana. Con producción, en cinco minutos de reloj me hallo aquí, estirada en la cama, con mi lienzo, tu, mi papel en blanco. Como me gustaría dibujarlo, o escribirlo para escenificarlo, pero tu eres mi lienzo, y eso estoy segura de que no se elige siempre, es una constante, y mi constante, eres tu. El aire recorre la habitación, me mueve el pelo que crece a pasos agigantados, hasta tengo frío. Y de golpe, idílicamente, suenan unas campanas de una iglesia al fondo, y niños que se ríen en el gran patio de vecinos que se esconde tras la calle en la que vivo. Debe ser algo parecido a un momento de gloria, o mil connotaciones que debe tener esta sensación. De paz, de aquí y ahora, de presente, de frío sin llegar a ser frío, de sonido sin ruido, de soledad disfrutada.

Constantes y variables, así de simple. Ya no me olvido, porque ESTE momento es el que necesitaba para darme cuenta de que tú, lienzo en blanco, de que tú y tú y tú, y cada letra del abecedario, me habéis constatizado. Y se, que tengo que dejar de pensar tanto en las variables, y fijarme en mis constantes. Eso, en el mundo en el que vivía hace unos meses, se les llama virtudes. Y si no se les llama así, necesitas una expedición. Una expedición a tu manera, porque es de saber popular que cada persona es distinta. Pero, e aquí la cuestión, todas y cada una de ellas nos regimos por constantes, busca las tuyas, te sorprenderás pasados unos minutos de tu expedición, y sabrás que ahí, cambió todo.

Y oigan, el primer tejado que veo por la ventana, es granate, tiene dos ventanas parisinas tal boardilla de París, y puedo oír el aire como si estuviese allí sentada, allí arriba, contemplando lo que yo quisiera contemplar. Y que ahora, redundancia absoluta, es verme aquí imaginándome allí, sin dejar de disfrutar el aquí simplemente imaginándome allí.

Y ahora pienso que, una lectura triunfa, un texto agrada, un libro se conoce, y un autor crece, cuando tiene que decir cosas al mundo que son típicas, constantes que todo el mundo siente o piensa o le divierten, para llegar alto. Pero, a veces, hay que escuchar a las variables, porque éstas, nunca serán constantes, y por ello no son ni por asomo, mucho menos.

Cada vocecita es importante, y constantemente variable, se vea, o no.

B.

 

 

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